Mujeres bajo el filtro
- Asociación Bidaia
- 28 may
- 2 min de lectura
Actualizado: 3 jun
La presión de convertirse siempre en una versión mejorada de una misma
Lo curioso de los cánones de belleza actuales es que nunca terminan de alcanzarse. Y quizá ese sea precisamente el objetivo.
Porque una mujer que se acepta a sí misma consume menos.Si te gustan tus labios, ¿quién va a venderte otros? Si no odias tus arrugas, ¿quién hará negocio con ellas?Si no te avergüenzas de tu cuerpo, ¿quién te convence de corregirlo?
La industria no necesita mujeres felices.Necesita mujeres inseguras con buena conexión a internet.
Ahora no basta con ser guapa. También hay que parecer emocionalmente equilibrada, productiva, interesante y espiritualmente luminosa.
Hay que desayunar avena con yogur y frutos rojos, tostadas de aguacate y té matcha, tener amor propio, ir al gimnasio y subir historias a las redes diciendo que te aceptas tal como eres…Después de cuarenta fotos y dos filtros suaves.
La tristeza incomoda.Las imperfecciones cansan.Y el cansancio real no tiene buen engagement.
Vivimos en una época donde incluso la rebeldía viene patrocinada.
El cuerpo de las mujeres siempre parece pertenecer un poco a los demás.Si eres muy delgada, opinan.Si engordas, opinan.Si no te maquillas, «qué mala cara tienes».Si te maquillas, «vas demasiado arreglada».
Depílate, péinate, arréglate, ponte recta y…¡Sonríe, que estás más guapa!
La sociedad observa a las mujeres como quien mira un escaparate: siempre hay algo que mejorar antes de considerarlo suficiente.
Y lo más perverso es que muchas veces nos terminamos evaluando nosotras mismas.
Nunca fue fácil crecer. La niñez, la adolescencia, las hormonas, la confusión, las informaciones contradictorias. Pero crecer bajo una cámara permanente quizá sea otra cosa. Las adolescentes de hoy no solo comparan su vida con la de otras personas de su entorno. Ahora compiten con versiones editadas, filtradas y cuidadosamente seleccionadas de miles de desconocidas.
Aprenden antes a posar que a conocerse.Antes a corregirse que a aceptarse.
Y mientras tanto, internet sigue susurrando: «Todavía puedes ser mejor».Nunca dice «ya eres suficiente».Eso, claro, no genera contenido.
Y quizá el problema nunca fue el espejo. Quizá fue crecer escuchando que había que reducirse: hablar menos, pensar menos, ocupar menos, sentir menos, envejecer menos.
Como si existir plenamente fuera un exceso.
Y, aun así, hay mujeres rompiendo moldes cada día. Mujeres cansadas de pedir permiso por ser humanas. De disculparse por sus cuerpos, por sus emociones, por el espacio que ocupan.
Mujeres aprendiendo a mirarse sin traducirse al lenguaje del algoritmo.
Porque tal vez la revolución empiece ahí: el día en que una mujer deje de mirarse como un proyecto a corregir y empiece, por fin, a reconocerse como alguien completo.
Sin filtros. Sin permiso. Sin miedo.




Comentarios