LO QUE PERMANECE
- Asociación Bidaia
- 1 abr
- 2 min de lectura
Una mirada a las huellas de las mujeres en nuestros pueblos
Nuestro territorio tiene mucho que contar. Nuestros montes han visto mucha historia, muchas personas habitando, construyendo, moviendo sus sueños hacia un futuro en el que nosotros/as ahora vivimos. En mi afán por recuperar las memorias perdidas encontré una infinidad de historias verdaderamente curiosas, tradiciones que ya nadie recuerda y canciones que nadie canta.
Pero encontré un vacío, una especie de fantasma que recorría cada línea de los libros y los archivos históricos, la historia de nuestras mujeres. No faltan, porque ahí están, entre líneas. Si te asomas a las historias de nuestros pueblos, ahí están siempre, sosteniendo, cuidando y criando. Probablemente no encontrarás sus nombres, pero las verás pasear por cada hecho histórico, organizarse por los derechos de sus hijos/as o mantenerse fuertes para sostener los pueblos en los peores momentos.
Siempre me ha gustado preguntar a mis abuelas sobre su pasado y siento que a veces es la primera vez que cuenta esas cosas, y no porque sean secretos, sino por la simple idea de que lo cotidiano carece de importancia. Estas conversaciones derivan, o derivaban cuando todavía la memoria estaba intacta, en infinidad de relatos, muchas veces costumbristas y otras surrealistas.
Nunca he buscado nada complicado ni sorprendente en estas historias, simplemente entender, adentrarme un poco en las vidas de esas personas que veo en las fotos, con los vestidos nuevos y los peinados para la ocasión, porque antes los recuerdos eran muy escasos en lo físico y abundantes en la memoria. Esas fotos me intrigan. Me interesa saber lo más básico de la vida de estas mujeres que me precedieron, qué hacían en su tiempo libre, qué sueños tenían o de qué hablaban con sus amigas durante los bailes.
En este mes de marzo siempre miramos hacia arriba, hacia las ciudades, las manifestaciones y las luchas, pero quiero utilizar este espacio para traerlo a tierra, para posicionar el feminismo entre encinas y olivos, recordando que las mujeres rurales también han sido parte de esas luchas, aunque no siempre hayan sido nombradas como tal.
Es imprescindible seguir comprendiendo y observando de alguna forma el pasado para actuar en el presente, saber de dónde venimos y qué relevos nos dejaron para tomarlos y seguir construyendo. Quizá también para encontrarnos en esas historias, compartirlas y seguir tejiendo entre nosotras espacios donde escucharnos y acompañarnos.
Quizá la memoria de nuestros pueblos no esté en los archivos, sino en las conversaciones que aún no hemos tenido. Estas historias siempre han existido y existirán mientras se hable de ellas, siempre que las nombremos en voz alta y las guardemos.
Cada vez que aparece uno de esos recuerdos, algo se mueve. Una historia que no estaba escrita, una vida que parecía pequeña y que de pronto se llena de sentido. Y en ese gesto, casi sin darnos cuenta, todo eso se queda. Pasa a formar parte de lo que somos, de lo que seguimos construyendo, de lo que no termina de desaparecer.




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