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Libros de lectura

"MUJERES ENTRE LÍNEAS"

Mancomunidad de Servicios Sociales Pantueña

ACTIVIDAD REALIZADA PARA LA PROMOCIÓN DE LA  PARTICIPACIÓN SOCIAL Y DE LA INCORPORACIÓN A LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA ADMINISTRACIÓN LOCAL

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¡Basta de propósitos de año nuevo!

Propósitos, autoexigencia y bienestar: una mirada clínica feminista a la cultura de la mejora constante.


Por: Beatriz Goce Vidal. Psicóloga sanitaria con perspectiva de género y Agente de Igualdad.


Cada comienzo —un año nuevo, un curso, un cambio de estación, una etapa vital— activa algo en nosotras. Un impulso casi automático: ahora sí. Ahora voy a organizarme mejor. Ahora voy a cuidarme. Ahora voy a ser mi “mejor versión”.


No es casual. Durante miles de años, los cambios de ciclo fueron acompañados por rituales colectivos que ayudaban a integrar el movimiento de la vida: las estaciones, las fases lunares, las transiciones vitales. Había sentido, comunidad y escucha del entorno.


Hoy, esa memoria ancestral sigue ahí... pero completamente distorsionada. Lo que antes era adaptación, ahora es exigencia. Lo que antes era cambio orgánico, ahora es optimización. La cultura actual ha convertido los procesos humanos en productos y ha hecho de la “mejora personal” un mandato constante.


Mejorar se ha vuelto obligatorio. Comer mejor. Dormir mejor. Gestionar mejor las emociones. Ser más productivas, más disciplinadas, más constantes, más autocontroladas. Siempre más.


La trampa es clara: se pone el foco exclusivamente en la voluntad individual y se borra el contexto. Como si todas partiéramos del mismo lugar. Como si el sistema social, económico, político y cultural no influyera en absoluto. Y cuando no se llega —porque muchas veces no se llega— el fallo también se vuelve individual.


No lo hiciste bien.

No te esforzaste lo suficiente.

No supiste sostenerlo.


¿Y si el problema no fuera tu falta de constancia?

¿Y si el problema fuera el sistema que nos exige estar siempre corrigiéndonos?


Las metas prometen bienestar... pero no así


Desde la psicología sabemos que las metas pueden ser beneficiosas. La investigación muestra que contribuyen al bienestar cuando están alineadas con los valores personales, son flexibles y nacen de la motivación interna, no de la presión externa (Ryan & Deci, 2000).


También sabemos, y esto es importante, que no es la perseverancia rígida lo que predice bienestar, sino la capacidad de ajustar, soltar o redefinir objetivos sin vivirlo como un fracaso (Dickson et al., 2021; 2023).


Sin embargo, el mensaje que inunda redes sociales, libros de autoayuda y discursos de coaching va justo en la dirección contraria: si quieres, puedes; si no puedes, es porque no quieres lo suficiente.


En consulta cada vez veo más personas que no viven sus metas como elecciones orientadas al bienestar, sino como obligaciones. El lenguaje cambia del “me gustaría” al “tengo que”. Y cuando no se cumple ese “debo”, aparece la culpa.


La culpa no invita a revisar el contexto ni a comprender los límites reales. Invita a apretar más. A castigarse. A intensificar la autocrítica.


Aquí es donde la psicología del bienestar se cruza con su versión más perversa: la mercantilización del bienestar. La calma, la paz, la salud mental se venden como logros individuales, como productos que hay que

ganarse, cuando en realidad son derechos básicos.


La verdadera revolución es construir identidad colectiva, para cuidar y cuidarnos, para sanar y para calmar.

3 comentarios


Cecilia Gimenez
Cecilia Gimenez
hace 5 días

Que interesante esto, como moviliza, y como nos hace ver que al sistema patriarcal que sigue abrumandonos impide que construyamos identidad colectiva, pero vamos viendo logros, pequeños pasos, la lucha es ardua pero se logrará, el feminismo camina cada día, un abrazo fuerte a "todas"

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Ainara Prado
Ainara Prado
hace 5 días

Que realidad! Muy buen trabajo🫶🏻

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esthersg07q
hace 5 días

muchas gracias por escribir este artículo!!🙌🏼 me he sentido muy identificada

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